Claude Cahun
Hace un par de días me encontré por instagram una historia de la artista Roberta Marrero (a la cual admiro mucho) en la que mostraba un libro con el que acababa de hacerse. Se trataba de una biografía de Claude Cahun, una artista francesa con la que siempre he sentido una conexión grande y poderosa.
Tengo que admitir que no había escuchado su nombre hasta no hace mucho tiempo, cuando en la asignatura de Historia del Arte nos hablaron de ella y de repente aparecieron delante de nuestros ojos aquellas fotografías tan impactantes, diferentes y atractivas.
Claude había nacido un 25 de Octubre de 1894 en Nantes, Francia bajo el nombre de Lucy Renee Mathilde Schwob. Provenía de una familia judía acomodada en la que ya había varios personajes que destacaban, como su tío Marcel Schwob, autor del libro Le livre de Monelle.
Autorretrato (imagen reflejada en un espejo con chaqueta a cuadros), 1927, copia en gelatina de plata.
“¿Maculino? ¿Femenino?, depende de la situación. El neutro es el único género que siempre me sienta bien”, admitiría en el año 1930 en Aveux non avenus (una colección de ensayos, sueños y collages que funcionan como sus anti-memorias y que recientemente ha sido traducido al castellano por la editorial Wunderkammer bajo el título Confesiones Incofesas). Y es que en realidad, preguntarse por el género de Claude sea seguramente lo más erróneo que podamos hacer. En este sentido, Cahun se aleja (a través de la negación en su libro) del género en el que supuestamente debería inscribirse y lo hace parafraseando el título, igualmente irónico, de las inclasificables memorias de Dalí Confesiones inconfesables. El título utilizado por el artista catalán nos da de alguna forma la clave para comprender el texto de Cahun y a la propia artista, que no solo reniega del género asignado sino que parece rechazar también la posibilidad de una asignación en sí, es decir, la posibilidad de un yo que afirmándose como tal, asuma también la posibilidad de decirse y contarse a sí mismo. Rehuía de una categoría gramatical, reclamando para sí el neutro, escapando de las connotaciones asociadas a los géneros y de sus manifestaciones.
Y tras leer esto, ya te habrás dado cuenta de que la biografía de Claude Cahun no va a ser la típica historia que te deje en un limbo del aburrimiento, todo lo contrario, la vida de Claude Cahun fue mucho más allá, rompiendo barreras sociales y luchando por ser quien realmente era. Su imagen era impactante, llamativa y profundamente estudiada.
En la década de 1930 decidió adoptar un look totalmente andrógino, paseándose con su cabeza rapada, un monóculo y un traje al más puro estilo Dandy llegando incluso a sorprender en los círculos surrealistas de París donde se codeaba con grandes artistas y figuras prominentes del mundo intelectual del momento. Aunque era considerada por gran parte del colectivo como marginal debido a su orientación sexual (el gran amor de su vida era su hermanastra Marcel Moore, con la que compuso gran parte de su obra literaria y pictórica), que llegaba a despertar todo tipo de comentarios en las soirées parisinas como los que propinaba André Bretón, llegando incluso a denominarlas como “francamente homosexuales”. Y es que el ambiente que rodeaba al círculo surrealista pecaba bastante de misoginia y el hecho de que una mujer, lesbiana y judía tuviese la osadía de cuestionar su propia identidad jugando a través de su imagen y cuerpo, cuestionando aquello que se consideraba como masculino y femenino era algo que levantaba inevitablemente cientos de ampollas.
Cahun se cuestionaba abiertamente los roles que se asociaban a este tipo de cuestiones y abogaba por la existencia de un tercer género, respaldada por las teorías y publicaciones de gente como el médico Havelock Ellis o Magnus Hirschfield, uno de los primeros sexólogos y pionero de la defensa de los derechos LGTBI (este último fue incluso considerado por los nazis como “El judío más peligroso de Alemania”).
Se puede suponer que Claude comenzó su búsqueda identitaria en el año 1919, cuando cambió su nombre de nacimiento por el que acabaría pasando a la historia, Claude Cahun. La artista trataba de encontrar un nombre andrógino, algo que pudiese valer tanto para hombres como para mujeres y que de alguna forma jugase con la idea de confusión, de no saber quién está detrás o dirigiendose hacia nosotros. Por su parte, el apellido fue escogido en honor a las mujeres de su familia, seleccionando en este caso el apellido de su abuela materna, la mujer que la había criado.
En entrenamiento, por favor, no me bese, 1927, copia en gelatina de plata
Esta búsqueda de su propio ser, de conocerse a sí misma y comprenderse dentro de una sociedad que parecía no hacerlo es lo que permitió que su obra se centrase en temas como la crítica a la construcción social de la identidad, y especialmente a aquello que parecía significar ser mujer. En sus investigaciones, llegaría a conformar una serie de teorías realmente interesantes en las que habla sobre todo de las máscaras y de la multiplicidad del ser. “Bajo esta máscara, otra máscara. Nunca terminaré de quitarme estos rostros” “Soy siempre otro, siempre un múltiplo”.
Pongamos como ejemplo uno de sus autorretratos para ilustrar esta teoría sobre la máscara social. En el año 1927 crea una fotografía vestida de boxeador, con el rostro maquillado casi al modo de un payaso y vestida con una camiseta en la que se puede leer “I'm in training. Don't kiss me”. Lo absurdo de la imagen se emplea justamente como forma de cuestionamiento sobre esta idea. Lo absurdo desactiva lo normalizado.
Autorretrato con capa y máscaras, 1928, copia en gelatina de plata
Autorretrato con máscara, 1928, copia en gelatina de plata
Podemos ver en el resto de sus fotografías cómo emplea su propio cuerpo desfigurándolo o distorsionándolo para reflexionar sobre la idea del ser, del cuerpo masculino y femenino, de qué es lo que conforma a un hombre o a una mujer, del por qué clasificar a una persona en dos géneros y obligarlos a cumplir una serie de estereotipos como si se trataran de unos mandamientos sagrados e inviolables. En el retrato de 1925 aparece su cara detrás de una bola de cristal, en 1930 distorsiona su cabeza rapada adquiriendo una forma ovoide, etc.
Es justamente a finales de la década de 1930 cuando Cahun y su amante Moore escapan hacia la isla de Jersey, en la costa de Normandía. Allí, disfrazando su identidad judía, produjeron y distribuyeron una serie de panfletos y propaganda antinazi, lo que produjo que en poco tiempo los agentes secretos del régimen diesen con ellas y las encarcelaran. Tras esta captura y encarcelamiento fueron condenadas a pena de muerte, de la cual quedaron absueltas tras la liberación de la isla en el año 1945. Trágicamente, nunca llegaría a recuperarse del maltrato sufrido por las autoridades nazis durante su encarcelamiento y falleció un 8 de Diciembre del año 1954 en la propia Jersey.
Tras el fallecimiento de Marcel Moore, el trabajo de Claude cayó en el olvido y fue recuperado en el año 1992, cuando fue adquirido en una subasta por John Wakeham.
¡Gracias por leerme!